La noche es fría. Fría y oscura, la noche. Me grita, desde el muelle, una mujer de pelo negro. ¿La conozco? Entrecierro los ojos, y solo logro ver su pelo ondeando en el aire. Corta como navaja, el aire. Corta y no deja respirar. Cada respiro que doy duele, tanto que me hace perder el aliento. Tengo que respirar hondo, cada vez más hondo. (¿No has vivido esto en otra parte?) La mujer sirena sigue llamándome. Es una sirena... fue una sirena. Ella me lo dijo, ¿sabes?
(Ella te dijo muchas cosas. ¿Dónde está ahora?)
Intento caminar, y lo único que logro es dar tumbos. Intento gritar, y no consigo mas que toser. Flemas acres en lugar de palabras. Cada paso que busca terreno firme parece caer en un vacío. Y ella permanece, inamovible, esperando.
¿A quién espera? ¿A quién llama? Conozco su voz, mi cuerpo recuerda su perfume. Es su canto el que no pertenece.
¿A quién pertenece?
(Ella prometió esperarte siempre. Prometió volver cuando la necesitaras...)
No recuerdo su nombre.
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