Estoy sentado entre algodones de azúcar. Mientras estoy quieto, el dulzón olor de las fibras a mi alrededor inunda mi olfato, y los mil sabores que toco parecen absorberse por mi piel. Cuando cierro los ojos, siento un sabor a mandarina en el meñique izquierdo, y en la punta de la nariz, crema batida y avellanas. Suspiro y abro los ojos. El acre aliento de vida que exhalo transforma esos hilos en una dulce trampa de ilusión. Intento bracear para despegarme de ella, mientras me arrastra hasta el fondo. Brinco, y al no encontrar piso sólido en que apoyarme, resbalo hacia el pozo en el que me espera. Resignado cierro los ojos, y comienzo a sentir algo extraño... Un sabor a mandarina sube por mi meñique izquierdo, y en la punta de la nariz...
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